¿Por qué hacemos lo que hacemos?
- Jesús Jaime Peña Reyes

- 26 dic 2022
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 4 abr 2024
En el Blog ¿Qué Somos? Dijimos que somos emoción, cuerpo y lenguaje y que estos son coherentes entre sí, también dijimos que, si en un momento dado yo estaba molesto por algo, entonces mi lenguaje y mi corporalidad iban a transmitir también esa molestia, aunque yo tratara de usar palabras corteses y moderadas, pero ahora surgen preguntas cómo, ¿Por qué me molesté?, ¿Por qué reclamé o me quejé?, ¿Pude haber estado agradecido en lugar de molesto?, en fin podríamos pensar en muchas otras preguntas, pero al final de cuentas, lo que queremos saber es, ¿Por qué reclamo o agradezco por algo que sucedió?, ¿Por qué hago lo que hago? muchas veces sin darme cuenta hasta que ya lo hice, hasta que ya le grité o le agradecí a esa persona.

El saber porqué hacemos lo que hacemos es la llave que nos abre la posibilidad de tomar en forma consciente el control de nosotros mismos.
Todos nacemos con ciertas rutinas, o formas de responder que están “alambradas (grabadas)” en nuestro cerebro, es decir que ya las tenemos listas para usarse al detectar los eventos en los que nos pueden ayudar a sobrevivir o a alcanzar a cumplir el objetivo básico de todo ser vivo, que es el de perpetuar la especie, estas rutinas pueden ser complejas e ir más allá de la mera supervivencia física ya que por nuestra biología nos toma al menos unos 15 años alcanzar la madurez biológica para perpetuar la especie y al menos 20 años para alcanzar la madurez social para poder cuidar y sostener a nuestros descendientes mientras ellos alcanzan la capacidad para cumplir su propósito.
Estas rutinas “alambradas” en nuestro cerebro son el resultado de nuestra evolución como especie y por lo tanto las compartimos con la raza humana, pero también tenemos otras rutinas igual de importantes, tenemos las rutinas que se han desarrollado para enfrentar mejor el medio ambiente específico en el que nuestro grupo ha vivido por generaciones, y finalmente tenemos rutinas que nos han heredado nuestros padres y abuelos y que reflejan modos de ser y de hacer más específicos.
Luego tenemos las rutinas que nosotros mismos hemos desarrollado a través de nuestro lóbulo frontal y que al repetirse, se graban o “alambran” en nuestro cerebro límbico, éstas últimas rutinas se han desarrollado porque nuestro cerebro ha identificado situaciones o eventos para los que las rutinas existentes no funcionan o no han alcanzado los resultados que queríamos.
Lo que tienen en común las rutinas con las que nacimos y las que hemos agregado nosotros posteriormente, es que todas funcionan a partir de identificar condiciones específicas (quién, cuándo, qué, cómo, dónde, en qué forma, etc.), luego, para cada uno de estas condiciones tiene una interpretación y esa interpretación tiene asociada una emoción, una única emoción, y cada emoción tiene “alambrada” una forma de responder y por esta razón, nuestra respuesta ante ese evento siempre va a ser una respuesta del mismo tipo.

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Entonces, hacemos lo que hacemos porque interpretamos de una forma específica un evento y esa interpretación tiene que ver con nuestra historia, con lo que creemos y con lo que hemos aprendido, y esa interpretación nos provoca un tipo de emoción y entonces entra en juego nuestra coherencia y hace que nuestro lenguaje y corporalidad sean congruentes con esa emoción, las preguntas ahora son, ¿Quién decide cómo interpretar un evento?, ¿Lo decide el lóbulo frontal o el cerebro límbico?, ¿Esa respuesta, me funcionó?
Hacemos lo que hacemos porque nuestro cerebro límbico interpreta un evento como bueno, o como malo, o como deseable, o como triste, o como gozoso, o como injusto, o como peligroso, y si te das cuenta, cada una de estas interpretaciones está asociada con una emoción y una vez que sentimos esa emoción, nuestro cerebro límbico, que es muy rápido, responde de una forma específica, siempre igual, cabe aclarar que la magnitud de nuestra respuesta puede verse afectada por nuestro estado de ánimo y por otros juicios, pero esto es tema de otro blog.
Entonces, ya sabemos por qué hacemos lo que hacemos, pero ¿Estoy condenado a siempre responder en forma automática y a repetir las respuestas que ya no me funcionan?, ¿Puedo responder de otra forma ante el mismo tipo de evento?
Platícame cómo crees que puedes hacer lo que es mejor en lugar de hacer lo que haces en forma automática, dime que tanto estás atrapado en respuestas que ya no te funcionan, que te meten en problemas en lugar de ayudarte, sígueme en mis redes sociales y visita mi página para que encuentres más material que te puede ayudar.
Mi nombre es Jesús Peña y mi propósito es ayudar a las Personas y a las Organizaciones a tener los Procesos, la Gestión y las Soluciones que necesitan.
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